
Por Red Internacional de Derechos Humanos Europa (RIDHE)
Bruselas / Costa Rica /Guatemala, 2026
En América Latina y el Caribe, el acceso a Internet continúa siendo una promesa incumplida para millones de personas. Mientras en las ciudades la conectividad supera el 80%, en zonas rurales apenas alcanza entre el 25% y el 30%. Esta desigualdad no solo limita el acceso a la información, sino que profundiza brechas estructurales en educación, salud, empleo y participación social.
Frente a este escenario, la Red Internacional de Derechos Humanos Europa (RIDHE) ha decidido dar un giro estratégico: situar la inclusión digital como eje central de su acción, con un enfoque innovador que combina redes comunitarias, liderazgo de mujeres y derechos humanos.
Esta apuesta se alinea con los debates internacionales más recientes, como la sesión “Invirtiendo en Conectividad Significativa e Inclusiva”, celebrada en Guatemala en el marco de la Semana de la Alianza Digital Unión Europea–América Latina y el Caribe, donde expertos subrayaron que el acceso a Internet ya no es un lujo, sino un derecho habilitador.
De la brecha digital a la justicia tecnológica
Para RIDHE, el problema no es únicamente técnico. Es estructural.
Los modelos tradicionales de conectividad —basados en grandes operadores y despliegues centralizados— han demostrado ser insuficientes para llegar a territorios rurales, comunidades marginadas y poblaciones en situación de movilidad forzada.
“La conectividad no puede seguir pensándose desde arriba. Debe construirse con las comunidades y para las comunidades”, señalan desde la organización.
En este contexto, las redes comunitarias de Internet emergen como una alternativa viable, sostenible y transformadora. Se trata de modelos en los que las propias comunidades gestionan su conectividad, adaptándola a sus necesidades, capacidades y realidades territoriales.
Mujeres al centro de la transformación digital, uno de los elementos más innovadores de la estrategia de RIDHE es su enfoque de género. A partir de su Teoría del Cambio, la organización ha definido que no puede haber inclusión digital sin liderazgo de mujeres.
De esta visión surgen dos líneas de acción clave:
Mujeres TIC: Un programa orientado a fortalecer las capacidades digitales de mujeres y jóvenes, promoviendo:
• Formación en tecnología y ciberseguridad
• Emprendimiento digital
• Acceso a empleo digno
• Participación en la gestión de infraestructuras comunitarias
El objetivo es claro: pasar de usuarias a protagonistas del ecosistema digital.
• Acompañamiento psicosocial
• Espacios seguros para la alfabetización digital
• Liderazgos comunitarios
• Redes de defensoras y agentes de cambio
Aquí, la tecnología no es solo una herramienta: es un medio para reconstruir comunidad, cuidado y resiliencia.
La experiencia en países como Colombia demuestra que las redes comunitarias no son experimentales, sino soluciones concretas que ya están transformando territorios.
Estas redes permiten:
• Reducir costos de acceso a Internet
• Generar capacidades técnicas locales
• Impulsar economías comunitarias
• Mejorar el acceso a servicios esenciales
“Cada dólar invertido en conectividad comunitaria se traduce en mayores oportunidades para educación, salud y desarrollo local”, destacan actores del ecosistema digital regional.
Para RIDHE, esto implica un cambio de paradigma: dejar de ver la conectividad como gasto y asumirla como inversión social estratégica.
El desafío ahora es escalar estos modelos. Para lograrlo, RIDHE propone avanzar en cuatro áreas clave:
• Reformas regulatorias que reconozcan a las redes comunitarias
• Financiamiento flexible e innovador para su sostenibilidad
• Tecnologías apropiadas adaptadas a contextos rurales
• Gobernanza participativa con enfoque de género
En este proceso, la Unión Europea tiene un papel fundamental. A través de iniciativas como la Alianza Digital UE–ALC y la estrategia Global Gateway, puede facilitar inversión, transferencia de conocimiento y articulación entre actores.